Quizás todos los días no sean buenos, pero siempre hay algo bueno todos los días.

Querido diario… Mientras estaba en las clases, aprovechando que hoy ha venido una sustituta, estaba pensando en todas las cosas que me han pasado hasta ahora,  tanto buenas como malas, y me he dado cuenta que la balanza se inclina más para las cosas buenas, pero a pesar de eso, las cosas malas pesan mucho más y aunque quieras olvidarlas, son imposibles de borrar de la mente. Dicen que las cosas se olvidan fácilmente, pero los momentos que no se olvidan son aquellos que te marcan, ya sea una discusión con tus padres y tu posterior marcha de casa, cuando tu pareja te puso los cuernos y se lió con tu mejor amiga o cuando una de tus amigas te dijo a la cara cosas horribles sobre ti.

Yo, desgraciadamente he de decir, que recuerdo muchos momentos de esos, sobre todo, aunque suene muy tópico, los peores momentos que recuerdo forman parte de mi época en la ESO, sí, esa época donde tienes a penas 16 años pero te crees que te vas a comer el mundo.  Ya que, cada día, y no exagero, tenía una bronca diaria con mis padres, muchas veces empezaba por una tontería,  por ejemplo: ¡no has sacado la basura!, y terminaban en ¡te odio mamá!. Pero lectores, en esos momentos es normal estar susceptibles a todas las cosas que dicen tus padres y es normal decir cosas que después te arrepientes de haber dicho.  Aun y así, esas pequeñas tonterías te marcan.

Aunque parezca que todo lo que me ha pasado es malo, no es así, ya que también he pasado momentos felices, como ir de vacaciones a Menorca, cuando me compraron mi primer móvil no hace tantos años, cuando íbamos los tres al cine y comprábamos palomitas, la primera vez que fui al Zoo de Barcelona, cuando fui por primera vez a Madrid, mi primera fiesta en una discoteca, el primer día que mis padres me dejaron sola en casa, las navidades en familia y el momento de abrir los regalos. Y ¡muchos más!

Pero gracias a esos momentos, a los buenos y malos, he aprendido que cada día es diferente, que a pesar de pasar malos momentos, hemos de tener en cuenta los buenos. Hemos de ser conscientes que tenemos muchas cosas buenas alrededor de nosotros, tenemos a gente que nos quiere, tenemos una familia que a pesar de todo, el día que no estamos bien, nos apoya, tenemos a amigos y amigas, tenemos una pareja estable que nos quiere y nos respeta. Y con  eso ya tendríamos bastante para ser felices, pero nos cuesta valorar lo que tenemos hasta que nos damos cuenta que ya no lo tenemos. Por eso ¡hemos de disfrutar de las pequeñas cosas! Y que quizás todos los días no sean buenos,  pero siempre hay algo bueno todos los días.

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